miércoles, 20 de octubre de 2010

Cuando mis noches


se van de juerga

con tu lengua

los minutos

son incendios

Húmedo faje

con el asfalto

hasta el cuello

La médula

desmodulada

del deseo

nos pide fundir

nuestros vientres

hoy que traemos

la voluntad

bien al tiro

Rogelio Dueñas

lunes, 18 de octubre de 2010

Colisión
"Pedacito de papel al viento..."
Silvio Rodríguez

En un vuelo despavorido una mosca se estrelló contra una barra de mantequilla. Al salir, sus alas habían mutado en enormes y amarillos planeadores. De ahí que ahora en alguna lengua le conozcan como Butterfly.

Abelrubén Romero Morales

viernes, 24 de septiembre de 2010

Cuerpo sin sombra


Fundes la noche que tus labios ultravioleta marcan mi cuello

penumbra en que eres cuerpo sin sombra,

sol en vela sobre un catre de montaña.

Miras la luna que espera callada

el silencio del amante sonámbulo,

bajas, llueves sobre la roca fundida de mis manos,

volamos, vueltos nube acribillada con picos de ave,

con plumas que salpican la mejilla.


Vuelo sin nombre al sol que hizo tu carne,

sin apellidos, ni tuyo, ni mía.

Revueltos, luminosos, flotamos

sobre la mirada lasciva de los girasoles.


Abelrubén Romero Morales

miércoles, 20 de enero de 2010

Impasible

Esta noche que partes tu cráneo

contra un oasis de perlas,

que quiebras tu nariz

en dunas de arena blanca

y descubres tu pecho y es volátil tu sangre;

que bebes el vodka

de la tierra donde murió la utopía,

que ahogas en ron

la paradoja de una Cuba con coca cola,

que abres las piernas del mundo

al punk y a José Alfredo,

que te viertes sobre muslos ebrios

sin pastillas ni pijama,

que vomitas versos

en oídos de piedra

y escuchan a través de tus espasmos

los gritos del retrete;

Esta noche que ignoras las alertas

y te esparces en el suelo,

que revuelves tu sangre con tequila

y te tumba el viento de la madrugada,

que huyes del sol y del silencio.

Esta noche sin fin

que amordazas las protestas,

que no reprochas la injusticia

y olvidas la hambruna,

aun agoniza en el pecho del continente

tu párvula patria.


Abelrubén Romero Morales

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Llamado a los abogados

México es un pasajero del carajo, se ha subido a este medio de transporte desde el inicio de su historia, la constante es ir con el carajo adonde nos lleve.
Todos manifiestan adherencia a compromisos éticos: los médicos, los sacerdotes, los biólogos, los dentistas, los veterinarios, los sociólogos y, muy en especial, los abogados. En cuanto a los valores sociales y la fundamentación del estado moderno, los valores son parte del discurso, parte de la cortina bella que cubre al fenómeno de circo; son precisamente los abogados, a quienes se les encomienda la defensa de la justicia, caminar hacia ella, ir hacia ella. Los abogados están (o debiesen) en la lucha para hacer una patria más justa -¿qué digo más justa? justa siquiera- equitativa, con un estado de derecho. Son los que están en los juzgados, en las facultades, en la burocracia, en salones de clase; los que saben de la ley, quienes saben según ésta lo que a cada quien le corresponde. Ellos son asesores de legisladores, de presidentes, son jueces, magistrados, ministros, están por todas partes, con un ejército de millones en el país. ¡Bravo! nuestro país está lleno de abogados, seres estoicos y dignos, preocupados por dar justicia y mejorar lo legal y lo social. ¡Millones de abogados junto a un puñado de profesionistas de otras disciplinas, el país está próximo a la utopía! La verdad de esa propuesta podría ser verdadera, si tomáramos en cuenta que la mayoría de los abogados dejaron de ser hombres comprometidos con la justicia. Ahora son ladrones que conocen lo necesario para evadir la ley, asesorando patrones para evitar cumplir sus obligaciones laborales (derechos que costaron sangre); asesorando oportunistas que defrauden arrendatarios, exculpando golpeadores, políticos corruptos y una larga lista de etcéteras. Aun los discursivamente comprometidos con los valores jurídicos, no omiten entregar dádivas de agradecimiento a los burócratas con quienes conviven a lo largo de su carrera. El argumento es simple: Si no se proporcionan dádivas, ellos no hacen su trabajo. En conclusión a su argumento, las familias de los burócratas comen más. Si los defensores de la justicia, no mantienen un posición apegada a los valores sociales y a los ideales estatales, ¿qué esperamos de las demás áreas?
El abogado, a mi ver, es depositario de los valores sociales, ¿qué valores? esos que se usan en los discursos políticos: valor, justicia, igualdad de oportunidades, equidad, etc. Tiene a su cargo el saber de leyes y lo inherente a ellas, es decir, la realidad social, histórica, económica, política, etc. Un legislador, por más estudiado que sea en cualquier área distinta del derecho, jamás podrá entender el espíritu de las leyes, la forma en que funcionan, ni la manera en que deben disponerse. Ahí están los peritos en leyes, quienes las elaboran y estudian para los señores diputados. Si una ley es injusta, innecesaria, mal redactada o parcial, tuvo que haber pasado antes por un especialista del derecho. Calderón (por más licenciado en derecho que sea), Beltrones, Peña Nieto, Salgado Macedonio y Juanito (¿quién?) están asesorados por decenas de abogados, de quienes depende hacer las cosas en favor del país, del partido o del señor legislador. No es que las demás profesiones no tengan obligaciones éticas, sólo que en el caso de la justicia, el ejemplo debe comenzar por nosotros, los abogados.

Hace tiempo señalé, que era una pena que los cantautores se preocuparan más por la justicia que los abogados y esto no dista de ser verdad, sólo que una canción no hace leyes, no organiza cambios ni propone métodos, es una emoción de algo mejor no definido. Los abogados tienen que estudiar de 4 a 5 años para proponer y sin embargo resultan más ineficaces a la justicia que una canción, cuando su deber es mucho mayor.

Está bien, señores abogados, sigan persiguiendo las chuletas finas, de cualquier modo, ya vamos abordo del carajo.

Abel Romero

martes, 1 de septiembre de 2009

Nepotismo hasta en el cielo.
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Nepotismo y compadraje en pleno siglo XXI

Por: Emilio de la Serna

Desgraciadamente, aun en estos tiempos de altos avances tecnológicos y científicos, a pesar todo el progreso intelectual que nos dejó el siglo XX, México sigue encadenado a dos viejísimos lastres de su historia: El nepotismo y el compadraje.

En la actual transición del poder en un municipio del Estado de México -la cual me ha tocado presenciar- se continúa con las prácticas de otorgar los escaños públicos a los amigos cercanos del círculo de poder entrante; esto es normal para nosotros: Los aliados del partido victorioso, los acarreados con despensas, los compadres, los que convienen ser ayudados y, en fin, todo aquel que se haya “ganado” su lugar en la función pública, está más que considerado. Esta práctica no responde a colores específicos, es realizada por todos los partidos en la esfera municipal, lo mismo por el PRI, PAN o PRD, que al cabo y para nuestro tema -si no es que para todo lo demás- son exactamente lo mismo.

Llegan los nuevos señores “chingones” y hay que desalojar el gallinero de cualquier ave que no haya vestido los colores del partido, respondiendo ciertamente a la postura de: si te apoyo es por algo a cambio, a lo cual deberás cumplir una vez que llegues al poder. Es entonces que los partidos políticos se llenan de mercenarios que esperan su trozo de pastel por apoyarlos en las campañas. Seguramente sin esta promesa de ayuda, que una vez victoriosos se ve materializada, no tendrían ni la cuarta parte de sus seguidores; por lo tanto parece lógico que para la subsistencia de dichas asociaciones, estas prácticas sigan siendo usadas en pleno siglo XXI.

No nos debe extrañar, es algo a lo que estamos acostumbrados y para nosotros, mediocres ciudadanos, es hasta normal. Pero ¿qué ocurre con esta repartición de puestos? ¿en qué afecta a la nación? Es evidente que esta selección no respeta procesos de reclutamiento apropiados y que la gente que arriba al servicio público, no siempre está capacitada para brindar el mejor servicio posible. Muchos de los servidores públicos no cuentan con la instrucción académica adecuada, ni con la experiencia necesaria, sin olvidar que muchos tampoco tienen una formación ética para desempeñar el cargo que se les asigna como premio a su apoyo; entonces el resultado es evidente: un servicio público deficiente, que aunque cuente con algunas personas plenamente capaces, lo cierto es que la gran mayoría no son las mejores para la función que se les encomienda.

Si analizamos el proceso de reclutamiento que sigue la iniciativa privada, a comparación de cómo se sigue el proceso de selección en los organismos públicos municipales, no nos extraña cómo aquélla se desarrolla, mientras éstos cada vez entregan peores resultados de su gestión.

¿Qué se necesita? un servicio profesional de carrera y poner candados en las leyes locales para que las nuevas administraciones no puedan destituir a los empleados de la administración saliente. Así podemos asegurar que los servidores públicos tendrán cada vez mayor experiencia del área en que se desempeñen y no se iniciará desde cero con cada nueva administración. Asimismo se debe dar capacitación constante a los empleados públicos, hacer que aprendan más acerca de su trabajo, impartir cursos y conferencias tendientes a reforzar tanto su conocimiento como su ética. Exigirles elevar sus grados académicos de acuerdo a sus posibilidades económicas y financiar la instrucción de los menos remunerados.

Todo lo anterior es una apreciación que estoy seguro compartimos muchos ciudadanos, dejen sus comentarios.